La murga que nos gobierna, está a punto de llevarse el primer premio carnavalesco.
Hace veinte meses, yo publicaba este artículo.
Por eso cobra actualidad lo que escribí en aquel entonces:
SIGLO XXI, EXTRATERRESTRES NOS GOBIERNAN
(Delirio de una noche de verano)
Desde hace décadas la ciencia ha estado escudriñando los cielos con la esperanza de encontrar vida inteligente en el cosmos.
-¡Nada!
Los resultados de tal búsqueda han sido infructuosos.
Para ellos, los científicos, es muy escasa la posibilidad de encontrar vida en otro lugar próximo a la tierra.
¡Es que han buscado donde no debían! ¡Y ya es tarde!
Han cometido todos ellos la torpeza de buscarlos fuera de nuestra galaxia. ¡No han descubierto lo que yo!
¡Hace tiempo habitan entre nosotros! ¡Si, hermanos humanos que leen esto! ¡Entérense!
Una ominosa raza extraterrestre vive entre nosotros tan perfectamente mimetizada que son necesarias observaciones muy profundas de comportamiento, para distinguirlos del humano común.
La ciencia consternada no se explica de que manera, estos seres se han infiltrado en nuestros grupos ciudadanos.
Tras cualquier rostro puede haber uno…Pero en algo se diferencian: tienden a ser mesiánicos líderes.
Es terrible, una raza de seres extraterrestres desde hace décadas ha invadido el planeta tierra, y está a punto de esclavizar para siempre a la autóctona población terrícola. La humanidad toda, está a punto de sucumbir.
Desde mucho tiempo atrás, han hecho varios intentos por esclavizarla hegemónicamente, pero quizá liderada por jefes impulsivos, impacientes y apresurados, han fracasado.
Así en el siglo pasado un líder alienígeno intentó sojuzgarnos en la década del 30. Su nombre: Adolfo Hitler.
Hubiera logrado su diabólico propósito, si otro alienígena colega suyo no hubiera interferido, por celos de poder, en su aventurado plan de conquista. El celoso espécimen maldito que le impidió el triunfo se llamo Joseph Stalin. Este, sádico y ejecutivo, inteligentemente se munió de técnicas inductivas digitalizadas creadas en vaya Dios a saber en qué lejanos mundos para lograr de modo compulsivo, y con fácil propagación, algo así como un virus informático.
Como acá todavía no existían las computadoras, ese virus, se introducía en el cerebro humano por medio de la palabra oral o escrita unida al color rojo en banderas y estandartes y destruía los sistemas de raciocinio y los reemplazaba por otros, que subliminalmente propenderían a la destrucción del arma intelectual más poderosa que los seres humanos poseemos: el libre albedrío.
Hoy los infectados, pululan olímpicamente en el orbe. Son millones, y me atrevo a afirmar que son, lamentablemente, la gran mayoría.
Pero estos humanoides infectados, no les serían útiles aislados, por sí solos.
Requieren de un líder alienígena, como lo fueron Hitler, Stalin, Mussolini, Mao, etc. que los guíe.
Así tenemos en la actualidad, que uno de ellos es el barbado, que hasta hoy, y desde hace medio siglo, se hace adorar obsecuentemente, en Latinoamérica.
Se hace llamar Fidel Castro.
Como éste ya cumplió su ciclo vital (que eso sí, el de ellos no sobrepasa en mucho el nuestro) ya tiene su clon en la vecina Venezuela, un mocetón rasurado con un cierto aspecto mongoloide, lo que me hace sospechar que esta raza extraterrestre se está degenerando, seguramente, porque todavía encuentra dificultades de adaptación a nuestro enrarecido y tóxico medio ambiente.
Se ve que con el paso del tiempo y en este aire extraño, los alienígenas, se van alterando, y se les van debilitando, incluso las condiciones de dominio sobre la mente humana empezando a ser rechazados, por cada vez más infectados.
Pero el virus no muere, siguiendo también las leyes del terrícola Dimitri Mendeleiev, sólo se transforma.
Quizá hasta ese virus alienígena, entre nosotros llamado científicamente Comunismo, también haya perdido su vigor y ha mutado en una híbrida y alegre mezcla de “virus alienígena” y de “codiciosa estupidez” humana creando un embotellamiento ideológico que impulsa una extraña suerte de incoherencias populares que ya tiran para cualquier lado, creando un caos perturbador en las sociedades infectadas del mundo.
Estos especímenes actúan desordenadamente, cada uno a su manera, desvirtuando así, el primigenio plan hegemónico de la AEG. (Alianza Extraterrestre Galáctica), y tira cada uno para sí, como si la parte humanoide de sus genes virósicos, fuera la dominante.
A primera vista parece que les está saliendo el tiro por la culata. Pero no nos ilusionemos, no es así.
A pesar de que no han logrado su propósito de dominar la humanidad toda, han creado tal desmantelamiento de las instituciones sociales políticas y sicológicas humanas, que me siento obligado a pensar, que tal vez, esa confusión no ha sido accidental, sino diabólicamente estructurada por esos malignos cerebros extraterrestres de la AEG.
Por lo menos han logrado destruir los cimientos éticos de nuestra convivencia.
Su primer triunfo fue la desfragmentación de la religión.
A Dios lo combatieron dando cabida en todos los medios a taumaturgos fetichistas y primitivas supersticiones tribales selváticas.
Así por ejemplo vemos ridículos criollos con asiáticas vestimentas, en canales oficiales ululando misteriosas incoherencias animistas.
Toda manifestación esotérica con fines de lucro fue exonerada de tributaciones y se le dio carta blanca para manifestarse privada o públicamente. Lo único que se les exigía era una declaración jurada de que era correspondiente a la “Fe Verdadera”, y como mínimo tener tres feligreses al firme.
Había que destruir, con subvencionada competencia, esas milenarias creencias tradicionales que mantenían aherrojadas con normas morales, al mundo.
Así aplaudieron y adoptaron como si fueran folclóricas de nuestra historia, las poco ecológicas costumbres africanas de ofrendas de todo tipo permitiéndoseles hasta ensuciar las hermosas y turísticas playas de nuestra costa.
Gardel o Soler o Damiani, fueron suplantados por vociferantes párvulos que desafinan con chillidos de cotorra ante sicodélicos altares promotores de Coca Cola, o Pilsen, perturbando a juventudes poseídas por químicas drogas, inductoras al animalismo, con las que pretenden suplantar al clásico y cancerígeno tabaco.
Destruyeron la célula de la sociedad: la familia.
Les fue fácil insuflar la libertad del individuo a grado tal, de convertirla en libertinaje.
El: “todo es natural”, “todo sirve”, “todo vale”, “todo está permitido” fue ley aunque no se promulgara nunca.
Demostraron que el hombre y la mujer son animales copulantes por excelencia” (tan copulativos como los conejos).
El sexo es exaltado y puesto en nuestro comedor, y a modo de Biblia, el Kamasutra es puesto junto a nuestra cabecera, como única guía espiritual de la humanidad, no, no para procrear, no, no. Eso sólo debe ocurrir por accidente o peligroso descuido.
El único fin del sexo es el mero placer, acostumbrarse desde la cuna a los anticonceptivos, el condón, los espermaticidas, los diafragmas vaginales al igual que a la vasectomía y como recurso de cabecera, siempre a mano, el aséptico aborto.
La homosexualidad es llevada a jerarquía de ideal de vida juvenil, con sonoro y oficial aplauso. Los visitantes gay son considerados “ciudadanos ilustres” y el intendente de Montevideo en nombre del presidente les entrega la llave de la ciudad posando con ellos, para la posteridad.
Los matrimonios que se decían antes: “hasta que la muerte los separe”, no deben durar más allá de la luna de miel. De lo contrario las parejas son perseguidas y condenadas a la discriminación por la opinión pública.
El amor libre, se ha entronizado en todos los hogares, aunque todavía, (fíjese qué rareza) como atávico resabio, se combate el incesto, la pederastía y hasta las violaciones, pero esto pronto también será historia. Y se terminará premiando al más contumaz de entre ellos.
Acá en esta minúscula e insignificante parte del mundo, acá en Uruguay, ya estamos a punto de sustituir la clásica y conflictiva familia de macho + hembra y crías, por la de macho + macho y niños adoptados, y hembra + hembra y niños adoptados, los que a la larga serán tan normales como sus padres de adopción y se considerará como la familia tipo o sea, la familia ideal, la así integrada.
Acto seguido se dará el derecho a adopción a las prostitutas, (carné de salud vigente), a los presos que tengan vinculo sexual muy frecuente, comprobado ante dos testigos fiables, y a todo aquel ciudadano, que estando aburrido de amasar mocos entre pulgar e índice, y quiera un niño para sí.
Se excluirán por supuesto a los políticos no infectados, a viejos muy viejos, obsoletos y perimidos, que requieren más atención que un niño, y por supuesto, a funcionarios públicos corruptos. Esto para disminuir la competencia desleal y el nepotismo.
Finalmente, durante las crisis económicas gubernamentales, el ex ministro de Economía ordenará rematar párvulos públicamente y al mejor postor. No señor, seguramente tampoco es inconstitucional, y también seguramente, el rematador, será su confiable adlátere Juan Carlos Bengoa.
De modo pues, hermanos humanos uruguayos, que ni aún uniéndonos todos, tendremos posibilidades de vencerlos. Ellos inventaron y patentaron el slogan de “el pueblo unido, jamás será vencido” ¡No nos permitirán usarlo!
No. ¡No podremos hacerles frente!
¡Somos contados con los dedos, los no infectados que todavía pensamos!
Y para colmo, hemos aplaudido la caída de Dios, de la Familia, de la Democracia.
¡Hemos temido ser considerados obsoletos moralistas, y provocar menosprecio y risas, defendiéndoles!
¡Hemos querido subirnos al carro para festejar como el jefe nos ordenó! Ahora, ¿quién carajo, nos ayudará?
¡Ya no pueden enfrentárseles ni el Chapulín Colorado ni Míster Músculo…!
¡Adiós mundo que conocimos!
¡Adiós mi Uruguay perdido…!